Un amor virtual

Vicente Romero Redondo

¿Alguna vez te enamoraste de alguien a quien no has visto nunca? ¿Alguien con quien nunca has hablado, ni mirado a los ojos? ¿Alguien cuya existencia apenas vislumbrada reside enteramente en las palabras y en la imaginación? Pues eso le pasó a Juan Ramón Jiménez, y aunque es una historia bastante conocida no pude resistir a su encanto.

Hay una obra de teatro escrita por Fernando Ampuero: “Un fraude epistolar” que se inspira en la anécdota. La obra se puede encontrar en Youtube, y a pesar de ser un vídeo resulta enteramente disfrutable. Esta es la historia.

Apenas empezaba el siglo XX, cuando José Gálvez y Carlos Rodríguez Hübner, dos jóvenes limeños, estudiantes universitarios, inmersos en el clima artístico y literario de su época, buscaban un libro de Juan Ramón que era imposible conseguir en Lima: “Arias tristes”.  Viendo que no había forma de hacerse con el libro, pensaron que quizá si le escribían una carta, lograrían que el poeta les enviara un ejemplar.

Vicente Romero Redondo

Intentaron varios borradores, pero al final ninguna carta era lo suficientemente apropiada o elegante. No sabemos a cuál de los dos se le ocurrió comentar qué distinto sería el lance si el remitente fuese una joven, romántica, tímida. “Una muchacha que de tan ingenua sólo puede ser bonita”, al decir de Juan Gómez Bárcena en “El cielo de Lima”, una novela donde el autor recrea esta anécdota y la sociedad limeña de la época.

Y así surgió la idea de inventar a esta joven. Ella sería la emisaria perfecta para llegar al corazón del poeta, por entonces también veinteañero y enamoradizo. Ella podría pedir el libro sin que ese atrevimiento fuese más que una muestra de su candor y admiración. Sólo faltaba el nombre que tomaron prestado de una prima: había nacido Georgina Hübner.

An He

Consiguieron papel perfumado y tinta violeta. En aquellos tiempos la caligrafía era un arte que distinguía entre las letras femeninas y una escritura masculina. Tampoco este detalle fue dejado al azar. Hasta inventaron que la joven pasaba una temporada en un retiro de salud, en un paraje llamado La Punta. Georgina tenía tisis y se recuperaba en el balneario, dando lánguidos paseos por la costa, de pamela y sombrilla, releyendo sus cartas y el libro de poemas…

Vicente Romero Redondo

Así comenzó un romance epistolar que debió hacer las delicias de los embaucadores y que, inevita-blemente, conquistó el corazón del poeta. Las misivas demoraban meses en llegar a uno y otro lado del mar. Pero las cartas que cruzaban el Atlántico hasta Lima evidenciaban cada vez con más intensidad sus sentimientos. En una última escribía: “¿Para qué esperar más? Tomaré el primer barco, el más rápido, que me lleve pronto a su lado. No me escriba más. Me lo dirá usted personalmente, sentados los dos frente al mar o entre el aroma de su jardín con pájaros y lunas…”

Entonces, viendo que este penoso ardid se salía de control, decidieron poner fin a la corresponden-cia y a la propia Georgina. Enviaron un telegrama al cónsul peruano en Madrid con una comunicación urgente para el poeta: “Georgina Hübner ha muerto”. Fue un golpe atroz. Una agonía que lo sumió en la desesperación de donde surge un poema, una última carta: “Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima”.

Vicente Romero Redondo

El poema aparece por primera vez en “Laberinto” (1910).  Tiempo después, Juan Ramón tuvo conocimiento del engaño y lo retiró de sus publicaciones. Al final de su vida, desde una digna claridad escribió: “Sea como sea yo he amado a Georgina Hübner, ella llenó una época de vacío y para mí ha existido tanto como si hubiera existido. Gracias, pues, a quien la inventara”.

Solo por no alargar el post, les dejo en el adjunto la elegía completa. Son versos anticuados para una sensibilidad reciente, pero absolutamente conmovedores. Las circunstancias de esta historia de amor no dejan de ser curiosamente actuales, en esta era donde las comunicaciones están cada vez más inmersas en una atmósfera virtual. Quizá la “realidad” del ser amado, y el deslumbrante amor que todos alguna vez sentimos no necesitan más que el propio corazón…

 

Clic aquí para leer la elegía completa: Carta a Georgina Hübner en el cielo de Lima

 

 

 


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21 comentarios en “Un amor virtual

  1. ¡Qué historia! También los cuadros están fabulosos. Y aunque la poesía es anticuada, como dices, la verdad es que me llegó al corazón, quizá porque había leído la historia. ¡Un placer visitarte, amiga! Te dejo un fuerte abrazo.J.

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    1. No puedo imaginar siquiera por lo que estás pasando, amiga… Perdona si te ha entristecido el post. Yo te seguiré visitando y te avisaré con un mensaje cuando escriba algo que te ayude a salir (aunque sólo sea por un instante) de esta pena grandísima. Un abrazo de Llama Violeta.

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    1. ¡Ah, qué divina! Da mucho que pensar acerca de la extraña naturaleza del amor y de lo inoportuno que es tildar de “irreal o virtual” a esos amores que -de algún modo inexplicable- parecería que ya conocemos sin haber visto antes… “¡Mea culpa!” Vos me entendés, Delfinita querida ❤

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    1. ¡Cuánto me alegra saber que te ha conmovido este poema! Y sí, comparto enteramente: ¡es un poeta extraordinario! Gracias por tu visita y por dejar tu sentir. Un abrazo inmenso, Gonza! ❤

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  2. ¡Hola! no conocía esta anécdota, por llamarlo de alguna manera, de Juan Ramón (y mira que me gusta). Aunque de primeras parece una broma macabra y cruel, este hombre demostró con sus actos que el amor es libre, sin barreras ni condiciones y que, como afirmó al final, él verdaderamente llegó a amar a su Georgina. Eso sí, se te encoge el corazón al leer el poema y ver por el dolor que lo hicieron pasar de forma innecesaria. Las pinturas que has puesto son una maravilla, me encantan. ¡Muchas gracias corazón por la entrada! Un besazo

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    1. ¡Pero qué alegría tenerte en casa, Mabkent! Sabes, yo también tuve los mismos sentimientos, y mientras escribía el post, en más de una oportunidad tuve la tentación de tomar partido, pero preferí contar los hechos conocidos del modo más neutral, y que cada quien sacara sus propias conclusiones. En todos los lados que busqué información encontré expresiones como “estos pícaros”, “la bromita de estos jóvenes”, y otras dulzuras. Pero coincido contigo, fue algo extremadamente cruel y aunque no dudo que no era su intención llevar este asunto tan lejos, las consecuencias fueron (salvo por la elegía) totalmente nefastas. ¿Te cuento algo más? Uno de estos chicos llegó a ser presidente de su país y en una ocasión lo entrevistaron con respecto a este asunto. Se excusó alegando que -entonces- apenas si tenía 20 años…
      Me alegra saber que te han gustado el poema y las imágenes. Yo tenía las pinturas en mi PC esperando usarlas en algún post sobre el artista, pero cuando leí esta “anécdota” sentí que eran para Juan Ramón. Un abrazo inmenso ❤

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  3. Muy bello post. Un amor a distancia tiene la fuerza de la sinceridad, de las palabras, del conocimiento… salvo si es un engaño como en este caso. Porque, al menos en mi caso, sobre el papel o la pantalla las palabras fluyen sin esfuerzo, sin embargo, cara a cara, me contengo más.
    Los cuadros muy lindos, luces y contraluces… me encantan.
    Un abrazo.

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    1. ¡Muchas gracias, Estrella, por pasar y compartir tu sentir! Coincido plenamente contigo.
      Y otra cosa a favor de la escritura es que se puede corregir, y eso da tiempo para que aparezca la palabra precisa, esa que expresa cabalmente lo que sentimos.
      Un abrazo, amiga. ❤

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  4. Como fue posible que nuestros tiempos dejaran de ser como en aquellos años donde escribir era la mejor forma de decir y expresar el sentir? — esta historia no me deja mas que recuerdos que experiencias similares que viví personalmente, meras nostalgias y lembranzas. Simplemente, Me encantó. El arte es bellisimo, muy buena eleccion !!!

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    1. ¡Hola, Nicolas! Gracias por la visita y por compartir tu sentir. Pienso que hemos avanzado en muchos aspectos de la comunicación personal, pero perdimos algunas cosas como la bella costumbre de escribir cartas. Me gustó saber que este post te ha traído nostalgias dulces de otro tiempo… Abrazote, amigo. ¡Y nos seguimos leyendo! 👓

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