Las tablillas sumerias

Escriba sumerio

Escriba sumerio

Los primeros testimonios escritos y las primeras bibliotecas conocidas se remontan a las culturas mesopotámicas. En un principio, la función de estas bibliotecas estaba más cerca de un registro de eventos que del moderno concepto de acervo bibliográfico.

Se ha postulado que la invención de la escritura (y por ende la primera función de los registros escritos) tuvo una motivación de orden comercial, la necesidad de llevar un control de una cada vez más compleja actividad económica: tributos, intercambios, contratos… No obstante, más allá de una función contable, estos primeros documentos -que también registraron eventos religiosos, dinásticos, bélicos y de orden administrativo- son prueba de una antigua aspiración humana: constituir una memoria para la posteridad.

El soporte de estas escrituras fueron las conocidas tablillas de arcilla, en las que una casta de escribas (funcionarios letrados vinculados al sacerdocio o al servicio real) utilizó la escritura cuneiforme, así llamada por la forma de cuña de los símbolos.

Tablilla de arcilla con escritura cuneiforme

Tablilla de arcilla con escritura cuneiforme

Una de las tablillas más antiguas contiene el famoso Poema de Gilgamesh (mítico rey de sumeria, gobernante de una de las primeras ciudades llamada Uruk) en donde se relata su búsqueda de la inmortalidad. Este documento (escrito en verso) está considerado como la narración escrita más antigua de la Historia.

 

Las tablillas se fabricaban siguiendo una técnica de alfarería: se preparaba una colada de arcilla, se volcaba en moldes de madera para darle la forma y estando todavía húmedas, se procedía a la escritura. Luego se secaban al sol, o se cocían en hornos para asegurar su durabilidad. Pronto se comprobó que si eran presa de las llamas, la arcilla se tornaba vítrea y prácticamente indestructible. Gracias al horneado, estas primitivas planchuelas de barro (ancestros del libro de papel) pudieron conservarse hasta nuestros días.

Se considera que la primera biblioteca del mundo perteneció al rey asirio Asurbanipal, quien (alrededor del año 650 a.C.) dispuso su creación junto al palacio real en la ciudad de Nínive. Allí reunió una impresionante colección de todos los registros escritos disponibles en su época. Otras ciudades también destacaron por su colección de archivos, como la ciudad de Lagash y las de Ebla y Mari.

Relieve mural representando al rey Asurbanipal en una cacería de leones

Relieve mural representando al rey Asurbanipal en una cacería de leones

En la biblioteca de Asurbanipal (quien personalmente clasificó muchos de sus libros) se encontraron miles de tablillas que, en diferente estado de conservación, lograron sobrevivir a la destrucción de Nínive por los medos, en el año 612 a.C. El palacio y la biblioteca real de Nínive fueron descubiertos por el explorador Austen Henry Layard, en 1845.

Vamos ahora al título del post: el polémico escritor Zecharia Sitchin.
Nacido en Azerbaiyán (República de la antigua URSS) y luego nacionalizado estadounidense, se licenció en Historia Económica y fue un profundo conocedor de la lengua hebrea (clásica y moderna) así como de otras lenguas de oriente antiguo, entre ellas el sumerio. Sitchin tradujo las tablillas sumerias y continuó sus investigaciones al respecto, en un apasionado trabajo al que dedicó más de treinta años de su vida.

Basándose en estas traducciones y en la interpretación de otras fuentes (como el estudio de las mitologías sumeria y babilónica, así como de algunos libros de la Biblia), postuló su controversial teoría de los antiguos astronautas. Sus conclusiones se basan en la presunción de que los llamados mitos y otros relatos de la antigüedad sumeria son en realidad documentos históricos, que reflejan un recuerdo de eventos muy antiguos.

Divinidad sumeria

Divinidad sumeria

Como fruto de sus investigaciones, escribió una serie de libros llamados “Crónicas de la Tierra”, siendo el primero “El 12º planeta” publicado en 1976. Según Sitchin, los textos sumerios hablan de una raza extraterrestre (visitantes del planeta Nibiru) cuyo nombre “Anunnaki” tradujo como: “Aquellos que del cielo vinieron a la Tierra”, y que se corresponden con los Nefilim bíblicos. Estos seres provenientes de una muy avanzada civilización habrían creado (literal y genéticamente) a los humanos, en un proceso de hibridación con su propio ADN.

La idea era crear una especie de trabajador más eficiente que el homínido primigenio, con el propósito de explotar las antiguas minas de oro en los territorios largamente después conocidos como África, Mesopotamia y Mesoamérica. Estos dioses creadores habrían transmitido a los sumerios los principios de la agricultura, metalurgia y escritura, entre otros conocimientos. Esto  desvelaría el enigma de la civilización sumeria, que “apareció” de súbito en todo su esplendor, sin haber atravesado por las etapas evolutivas que preceden a las grandes civilizaciones conocidas.

Murallas de Nínive reconstruidas en la actualidad

Murallas de Nínive reconstruidas en la actualidad

Las teorías de Sitchin han sido criticadas por académicos (y no tan doctos), siendo el Decano y profesor de Historia Ronald H. Fritze (Indiana – 1951), uno de sus más fuertes detractores. Fritze publicó un libro (Conocimiento inventado: Falsa Historia, Falsa Ciencia y Pseudoreligión) en donde desautoriza públicamente a Sitchin acusándolo de haber cometido errores en la traducción sumeria, y alegando que su asignación de significados es “tendenciosa y frecuentemente” forzada. Sostuvo también que sus evidencias habían sido expuestas “de forma selectiva”, eliminando o ignorando “toda evidencia contradictoria”.

Sin embargo, lo más polémico de su trabajo no es tanto la traducción (que puede o no ser exacta) sino el hecho de sostener que la información contenida en las tablillas, aporta un cuerpo de datos que Sitchin propuso interpretar de manera literal, y por ende, despojada del simbolismo de los mitos.

Pero sobre todo, sus afirmaciones cuestionaron el paradigma académico respecto al origen y evolución del ser humano, la visión oficialmente aceptada de la historia antigua, sin mencionar la versión divina de la creación, presente en las religiones mayoritarias del mundo actual. Un desacato de tal naturaleza le habría costado no solamente el prestigio sino la vida, en épocas no tan remotas de nuestra historia.

Ruinas de Zigurat en la ciudad de Ur

Ruinas de Zigurat en la ciudad de Ur

Pero volviendo a las tablillas, nuevas investigaciones de carácter interdisciplinario podrían esclarecer sus audaces conclusiones. En este sentido, se sabe que antes de morir (en octubre de 2010), Sitchin solicitó al Museo de Historia Natural de Londres que realizara un estudio de ADN a los restos de la llamada “Reina Puabi”. Estos restos fueron encontrados por el arqueólogo británico Leonard Woolley en las primeras décadas del siglo XX. Los expertos determinaron que Puabi fue probablemente una reina de la Primera Dinastía de Ur, del S. XXVI a.C.

Para el Dr. Sitchin era bastante más que eso: él consideraba que era una “Nin” (el término sumerio que tradujo como “diosa”) o semidiosa, vinculada genéticamente con los visitantes de Nibiru. “Realmente estoy arriesgando el trabajo de mi vida en este resultado”, declaró. Esperaba que el estudio de su ADN pudiera confirmar sus conclusiones, pero la petición no tuvo éxito y no se ha podido averiguar qué misterios podría entrañar la secuencia de ADN de esta antiquísima reina.

Tocado de la reina Puabi encontrado en su tumba, en el Cementerio Real de Ur

Tocado de la reina Puabi encontrado en su tumba, en el Cementerio Real de Ur

No obstante, otras de sus teorías han tenido una validación científica, como la referida a la órbita del planeta Nibiru (del cual afirma se hacen múltiples referencias en los textos mesopotámicos), ya que desde 1992 (16 años después de publicado su primer libro) se ha aceptado que en los planetas extrasolares, una órbita elíptica (como la que describe Sitchin) es la norma. Zecharia Sitchin también sostuvo que los antiguos sumerios conocían la existencia de todos los planetas del Sistema Solar, desde Mercurio a Plutón (descubierto a principios del siglo XX).

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El Dr. Sehcaria Sitchin con una reproducción (aumentada) de un sello cilíndrico del tercer milenio. El sello original mide aproximadamente una pulgada y se encuentra en el Museo de Antigüedades del Cercano Oriente, en Berlín. A la izquierda de la imagen, una estrella rodeada de pequeñas esferas que, basado en sus estudios, considera es una representación del Sistema Solar.

Sin intención de consignar una defensa (ya que por este lado de mi escritorio no hay ningún arqueólogo, nadie sabe sumerio, ni tiene a mano las famosas tablillas), parece no obstante obligado recordar que el descrédito es el camino previsible de las nuevas ideas, hasta que -inevitablemente en crisis por la dinámica del conocimiento- los paradigmas caen, se vuelven obsoletos y es necesario acomodar las evidencias en uno nuevo.

Por otro lado, si una teoría es dudosa y no se comprueba su veracidad, la falacia ad ignorantiam prevalece… En éste como en cualquier tema, todo es opinable y -siempre que medien argumentos- también es discutible. La idea ha sido compartir un poco de la historia del libro, y un material alternativo en los escritos de un autor controversial, pero que estudió intensamente estos antiguos documentos.

 

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12 comentarios en “Las tablillas sumerias

  1. Sitchin es una figura polémica, no solo en el ámbito científico ortodoxo, también en las filas de la pseudociencia esotérica y/o new age.
    También es cierto que algunos seguidores de sus teorías han reinterpretado sus libros y charlas.
    Aquí en España un escritor llamado David Parcerisa ha escrito un libro titulado: Los Annunaki, los creadores de la humanidad. No lo he leído todavía pero he sentido hablar de él.
    Creo que se ha de coger con ojo crítico este tema, pues fácilmente la fantasía puede distorsionar la realidad. Lo de crítico va también con la ciencia oficial… la duda es un puente tendido entre la ignorancia y el conocimiento.

    Me ha gustado mucho este post.

    Un abrazo

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    1. Estoy en todo de acuerdo con tu punto de vista, y ese puente que mencionabas es un delgado límite que un librepensador busca reconocer. Otro abrazo sureño!

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    1. ¡Gracias, Antonio! Reconozco que el material de este blog es bastante heterogéneo pero, aunque califica para toda clase de público, es básicamente un blog de la Biblioteca. La idea es publicar entradas que logren estimular la curiosidad y el gusto por la lectura, al tiempo que se promociona el material de que disponemos. Comprobar que a mis nuevos amigos blogueros también les gustan algunas entradas, es un plus que me llena de alegría. Un abrazo.
      Sara.

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    1. ¡Qué bueno que te haya gustado! Me parece un tema sumamente interesante. Gracias por tu visita, ARCADIA y por tus comentarios. Un abrazote 😀

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  2. Hola mi niña, que interesante la historia, había leído algo sobre esto pero no tan completo.
    Ahora estoy mi móvil, pero llegando a casa veo en mi ordenador, para saber del libro al que haces referencia. Gracias por trabajo y pero más gracias por ese cariño que siempre me dejas en cada comentario.
    Un abrazo muy fuerte corazón

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    1. Ja ja ja que lindaaa! Creerás que no me gustaba mi nombre, se me hacía largo ya feo, pero un día mi madre me contó, que mi padre escogió ese nombre para mi, porque después que ella dio a luz, el médico le informó que no podría tener más hijos, aunque mi padre ya tenía cinco hijos con su primera esposa, ya mi tenía un hijo también de su primer esposo, y yo vine a ser la última en la familia, la primera de ellos dos, y la única de ellos dos y las palabras dé mi padre fueron
      Se llamará esperanza, porque es mi única esperanza.
      Mi padre murió cuando yo solo tenía cuatro años, y eramos muy Unidos, él realmente me amaba, y yo, lo amaba muchísimo.
      Fue muy triste perderlo así.
      Hoy llevo con mucho cariño mi nombre, ya sabiendo el significado del mismo y lo que significó para él.
      Perdón, si me pasé de explicación, me nació contarte y bueno,
      Gracias por tus palabras,
      Que son más dulces que mi nombre.
      Un abrazo mi niña,
      Gracias por “escuchar” con los oídos del corazón.
      Besos

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