El Manuscrito Voynich

El Manuscrito Voynich

30 de setiembre, 2015

Voynich

“El Manuscrito Voynich es un libro ilustrado, de contenidos desconocidos, escrito hace unos 500 años por un autor anónimo en un alfabeto no identificado y un idioma incomprensible…” Así comienza la descripción de este enigmático libro en Wikipedia. Suena como el principio de una novela de ficción. Y ciertamente, tiene una historia apasionante.

A principios del Siglo XX, un coleccionista de libros antiguos llamado Wilfrid Voynich compró el manuscrito y siendo este el único dato irrefutable, se terminó por llamar “El manuscrito Voynich”, lo cual suena indudablemente lituano y -por estos lares- también muy exótico. Quizá en Lituania, Voynich suene tan familiar como Pérez o Smith… pero el improvisado título del manuscrito es indudablemente sugerente. Lo cierto es que el interés por descifrarlo tiene una larga lista de intentos hasta hoy infructuosos, o por lo menos inconclusos.

En la genealogía de propietarios hay evidencias de que perteneció a Rodolfo II de Bohemia, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico entre 1576 y 1612. Muerto el emperador, el libro pasó a manos de su plebeyo alquimista, Sinapius, quien aparentemente nunca pudo descifrarlo. Aquí surge un dato interesante, porque -como suele suceder con los libros de uno- Sinapius estampó su firma en la primera página del manuscrito. Una rúbrica ya desvanecida, que solo en la actualidad fue posible descubrir gracias a la luz ultravioleta. Esto prueba que el libro existía en el Siglo XVII y que no se trata de una moderna falsificación. Aquí tenemos otra certeza y (tratándose del Manuscrito Voynich) un verdadero hallazgo, dado que la comunidad bibliófila no se encuentra en posición de minimizar los pocos logros obtenidos.

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Después sigue una lista de presuntos propietarios, algunos vinculados a la corte de Rodolfo II, pero todos eruditos: alquimistas, bibliotecarios, monjes, y conocidas figuras del mundo científico barroco, quienes no obstante, tampoco pudieron descifrarlo. A finales del Siglo XVII llegó a la Biblioteca del Colegio Romano, en Italia (la primera escuela de los padres jesuitas, fundada por San Ignacio de Loyola). Y aquí es donde Voynich lo encuentra y lo compra, gracias a una providencial estrechez económica del Colegio. En la actualidad, el manuscrito descansa en la Universidad de Yale, donado por su último dueño, sobreviviente del genocidio hebreo y bibliófilo apasionado: Hans Peter Kraus.

Ahora sí, hechas las presentaciones formales en cuanto al linaje de los propietarios, vamos al libro. El manuscrito tiene 240 páginas de pergamino, fue escrito con una pluma de ave y de izquierda a derecha, por tanto se puede afirmar que es escritura occidental. También es notorio que se trata de una ejecución fluida, lo cual hace suponer que el autor dominaba el idioma en cuestión y que quizá no se trata de una lengua artificial, o texto encriptado (como se ha propuesto), sino de una lengua formal desconocida.

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El manuscrito tiene coloridas y extrañas ilustraciones en casi todas sus páginas, que muy vagamente colaboran para entender de qué trata el libro. No obstante, basándose en su interpretación, los estudiosos han intentado establecer al menos seis divisiones temáticas, como un herbario, una sección de astronomía, otra de farmacéutica, una de recetas (presuntamente de preparados químicos), cosmología, y también biología.

No solo la escritura, los dibujos son particularmente enigmáticos. Llaman la atención unas pequeñas figuras femeninas (consideradas también como ninfas) que a primera vista parecería están tomando un baño público, o fluyendo en una sustancia líquida, dentro de lo que podría ser una representación de órganos biológicos. De aquí, la sección de Biología. Estas diminutas figuras femeninas también aparecen en los símbolos que tradicionalmente se atribuyen a las constelaciones (de estas ilustraciones surge la conclusión de que se trata del registro de un saber astronómico).

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Por otro lado, la confirmación de que existe una única (y diferenciada) palabra escrita en la cabecera de las ilustraciones con plantas, lleva a suponer que se refiere al nombre de las mismas en lo que se considera la sección del herbario.

Respecto a su procedencia geográfica, el estudio de las imágenes sugiere que el libro es europeo, posiblemente italiano, dada la peculiar arquitectura de las murallas de una ciudad pintada en el manuscrito. Pero, para complicar más el misterio, recientemente (en 2014) el botánico Arthur Tucker propone un origen mesoamericano, basándose en la similitud de las plantas del manuscrito con otras ilustraciones de plantas autóctonas, que se observan en los registros de herbarios mexicanos del Siglo XVI.

Reafirmando esta hipótesis, Arthur Tucker y Rexford H. Talbert (técnico retirado de la NASA) afirman que han identificado algunas palabras procedentes del español y las lenguas nativas de México: náhuatl, taína, y mixteca. Así que el manuscrito podría ser una obra del Nuevo Mundo, escrita en una antigua (y ya desaparecida) variedad lingüística procedente del español y las lenguas indígenas mexicanas.

Stephen Bax y el Manuscrito Voynich

Stephen Bax y el Manuscrito Voynich

Contrariamente, Stephen Bax, profesor británico y experto en lingüística aplicada, informó haber identificado diez palabras del manuscrito y opina que probablemente es un tratado sobre la Naturaleza, escrito en un lenguaje asiático o de Oriente Próximo. Sería una desconsideración no mencionar también, que hay quienes opinan se trata de una lengua extraterrestre.

Tampoco faltan quienes afirman que el manuscrito es un fraude para engañar a los coleccionistas de la época, como sugiere (entre otros) Gordon Rugg, científico británico especialista en computación. Lo cierto es que el Manuscrito ha pasado por incontables especialistas de diversas áreas, criptógrafos profesionales y lingüistas sin que se haya podido descifrar cabalmente.

No obstante, sabemos una cosa “a ciencia cierta”: estudios de carbono-14 realizados en 2009, analizaron la tinta y el pergamino, confirmando que el libro es auténticamente medieval. Y aún otra cosa se podría afirmar: más allá de su peculiar belleza y singularidad, la fascinación del Manuscrito Voynich está en su condición de enigma, en ese desafío a la razón, a la imaginación y la curiosidad humana, siempre buscando derrotar a la Esfinge.

 


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14 comentarios en “El Manuscrito Voynich

  1. Interesante artículo, bien documentado y que nos brinda algunas teorías sobre el origen de este enigmático libro.

    Como mexicana, me agrada la idea de que su origen fuese mesoamericano, sin embargo me pregunto ¿qué lengua desconocida podría provenir de los idiomas de Mesoamérica y del español? me refiero a que es difícil que no se conociera un lenguaje tan “nuevo” (se generó después de la conquista, si mezcla español con náhuatl, taíno y mixteca… o si es anterior, ¿el español fue traído antes que Colón nos “descubriera”? otro misterio más.

    Gracias por compartirnos estos conocimientos. Con tu permiso, lo reblogueo.

    Saludos

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  2. El año pasado Jacobo Siruela publicó Libros Secretos, de su autoría, donde aborda la historia de algunos ejemplares misteriosos, entre ellos este manuscrito. No lo he encontrado en Argentina, mi país, pero estaré en Madrid en marzo y lo buscaré. Si lo encuentro, luego de leerlo publicaré al respecto para compartir 🙂

    Le gusta a 1 persona

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